miércoles, 18 de noviembre de 2009
domingo, 18 de octubre de 2009
lunes, 28 de septiembre de 2009
Crear un problema resoluble

La desatención y el abandono son circunstancias que facilitan la explosión de los conflictos, en función del grado de indiferencia acabarán liberando su energía de forma más o menos dañina. De ese modo, al aflorar y convertirse en una realidad de primer orden, éstos sustentan su existencia sobre las reglas de lo físico, más allá de lo sensorial, y son por lo tanto medibles, consecuentemente reales, ocasionalmente mediáticos e incómodos precursores del cambio.
Para manejar y controlar tal descarga podemos optar por fomentar el desarrollo de la autorreflexión colectiva, construir una nueva realidad con el objetivo prioritario de asumir la responsabilidad en la dinámica y expansión del problema, así como también posibilitar la comprensión de las capacidades de expresión de los sentimientos, de los pensamientos que sustentan las demandas, y las expectativas en la satisfacción de las necesidades expresadas, atendiendo especialmente a las limitaciones y capacidades de los protagonistas enfrentados, sin olvidar que es imprescindible potenciar al máximo las fortalezas de ambas partes.
Al ayudar a los colectivos a resolver sus conflictos, también ayudamos a las personas a cambiar aquellas realidades que dificultan el ejercicio de la ciudadanía, entendida como aquel conjunto de deberes y derechos que sostienen la deseable y anhelada justicia social.
Poseemos la innata capacidad de transformar nuestros conflictos, simplemente necesitamos establecer espacios para que la resolución surja efecto. Vencer las lógicas reticencias ante la puesta en escena no resulta fácil, pero una vez instalados en ese nuevo escenario podremos canalizar la energía capaz de neutralizar y prevenir los estados mentales vengativos, que son aquellos en los cuales, al sentirnos poderosos, somos capaces de actuar sin medir las consecuencias de nuestro actos, “generalmente acompañados por sentimientos de certeza impermeables a la influencia de las palabras por si solas”.
Al construir el relato de los acontecimientos, pondremos especial énfasis en la toma de conciencia de las actitudes y la escala de valores que orientan nuestra conducta, buscando sin escollos los puntos clave de la problemática y llegando a explicarla, para de este modo aportar modificaciones y puntos de vista distintos. Será útil introducir en este relato las soluciones intentadas y que no han funcionado, con el propósito de retomar con una nueva historia el camino hacia la convivencia.
Magdalena Gelabert Horrach.
Àrea de Comunicació. Col·legi d’Educadores i Educadors Socials de les Illes.
lunes, 21 de septiembre de 2009
UNA REFLEXIÓN DESDE LA CERCANIA.

Tras el diagnóstico, los fármacos ayudan a frenar el avance de la enfermedad, a controlar los síntomas. Los neurólogos se afanan en probar combinaciones y nuevos tratamientos que dan esperanza. Toda la investigación está al servicio del enfermo, para mitigar el sufrimiento y frenar el avance del deterioro, porque no existe tratamiento que cure, y tampoco existe la posibilidad de que la persona retorne del mundo de tinieblas en que se sumerge tras enfermar.
Todo esto, sumado al exponencial aumento de personas afectadas, presenta un panorama hasta ahora no imaginado.
El incremento del número de personas mayores con necesidad de atención colapsan los servicios, y la administración no ha sido capaz de prever respuestas aceptables, al margen de la tan esperanzadora Ley de Dependencia. Cuando digo que no ha sabido responder, hablo de la infinidad de casos que permanecen en listas de espera, desatendidos o simplemente sin diagnosticar.
El sistema sanitario atiende al enfermo y mantiene al margen de este tratamiento a la familia. Craso error, a mi entender, ya que los efectos de esta focalización son altamente estresantes para los familiares y, por ende, factores de riesgo para nuestros mayores, que desbordan por completo a sus inexpertos cuidadores, auténticos luchadores y sustentadores de la calidad de vida del enfermo, y por la misma razón frágiles y absolutamente necesarios. Si el fin perseguido es la calidad de vida, la familia desemboca en la total pérdida de contacto con la realidad, que acaba ciñéndose exclusivamente a la realidad de la evolución del enfermo.
Siempre a la espera del radical cambio que supondrá la puesta en marcha de la Ley, no podemos olvidar la relevancia que tienen los profesionales, la familia, las instituciones especializadas y la comunidad como factores asociados al éxito de los programas de intervención con personas mayores. Debemos adoptar una perspectiva global y funcional del proceso de envejecimiento de la población en la que destacan los factores humanos sobre los tecnológicos y en que todos y cada uno de los sujetos que intervienen deben ser protagonistas.
El sistema sanitario, tal y como está estructurado, en la actualidad no contempla la prevención más allá de la reducción de daños en fases muy avanzadas de la enfermedad. No se plantean medidas protectoras para los que soportan la carga del cuidado, y es la variable a tener en cuenta para el futuro inmediato, a la espera de la panacea que aventura la Ley de Dependencia y que, presumiblemente, tanto costará implantar si no viene respaldada por recursos económicos suficientes.
domingo, 20 de septiembre de 2009
Desde el compromiso hacia la excelencia socioeducativa.

La consideración social de una profesión pasa, inevitablemente, por el nivel de satisfacción en cuanto al logro de los objetivos marcados, esto lo sabemos todos, y creo que este balance debe ser público y evaluar tanto los éxitos como los fracasos para avanzar desde la auto renovación y la revisión permanente de lo que no ha funcionado. Asumir desde la humildad, pero con valentía, los nuevos retos a los que el desarrollo de nuestras competencias nos afronta, tenemos también la responsabilidad de que trascienda tanto a la comunidad científica como a la opinión pública, para eliminar susceptibilidades que obstaculicen el reconocimiento, que parece cuestionado de momento, entiéndase económicamente por ejemplo.
Si fuésemos capaces, desde la auto critica, de propiciar un nuevo marco en el que primara la calidad de la práctica por encima de todo, ayudaría, y si existiera realmente la certeza del interés y la exclusividad de la labor de los educadores sociales, los argumentos que esgrimen los que defienden la economía mixta en una situación de crisis del Estado del Bienestar como el actual, no serian valorados o tenidos en cuenta por la generalidad.
Es competencia de nuestro cuerpo profesional, en el ejercicio de una responsabilidad libremente aceptada, velar por la calidad del servicio prestado y propiciar el cambio de mentalidades, de otro modo resultará difícil conseguir los resultados deseados.
Desde la ética y el compromiso al que nos obliga el ejercicio de la labor socioeducativa, es imprescindible la capacidad de autocrítica mediante el análisis y la exposición pública de los conocimientos operacionales, la evaluación sistematizada de los mismos y la capacidad de incluir nuevas prácticas. Sabemos que no es fácil, ya que en beneficio del conocimiento somos deudores de constantes renovaciones.El reconocimiento, aunque parezca una obviedad, empieza por uno mismo. Reconozcamos, pues, la importancia de establecer mínimos de calidad, por debajo de los cuales se hace imprescindible la intervención de los organismos competentes para dignificar la atención hacía los que han depositado su confianza en unos profesionales con entidad propia y función pedagógica, profesionales que realizan una tarea educativa y reeducativa a través de la convivencia cotidiana, con todo lo que ello implica.
jueves, 17 de septiembre de 2009
¿Quién no desea vivir en una ciudad más limpia, con menos humos?

Para argumentar esta idea quiero dejar clara mi posición sobre los conflictos, ya que comparto la general afirmación en la que éstos son oportunidades de cambio; los asumo como naturales, por tanto. Pero los conflictos no dejan de ser situaciones en las que dos o más partes entran en oposición o desacuerdo porque los intereses, las necesidades y los deseos se perciben o son incompatibles.
La solución al conflicto no puede ser más gravosa que el problema en sí. Vivo en zona Blanquerna y frecuento la carretera de la UIB desde hace cinco años, antes suspiraba por una buena vía y un carril bici que, a día de hoy, es utilizada casi en exclusiva por viandantes. Los estudiantes mayoritariamente se desplazan en su vehículo privado, para asistir a clase. El metro soluciona sólo el problema a los que residen en el núcleo de incidencia del mismo.
Si queremos un nuevo modelo de ciudad, cuyo esfuerzo por conseguirlo reconozco, no podemos sustentar este gasto sobre las frágiles espaldas de los menos privilegiados, cortando trajes a medida de los que, por lo general, no tienen problemas estructurales, sino ofrecer alternativas viables a los que no pueden sumarse a los cambios con la celeridad que supone borrar de un plumazo plazas de aparcamiento en una zona donde escasean y que, por ende, sufre la presión de ser céntrica y adyacente a zona hora, en una franja donde se construyen nuevas viviendas sin plazas de garaje de forma obligatoria.
De la misma forma que el ayuntamiento dispone de espacio público para garantizar el derecho a desplazarnos en bici y tener una ciudad más limpia debería disponer de espacio público para los que somos víctimas de un modelo de ciudad que no nos ha dejado alternativa al vehículo privado y habilitar el mismo número de plazas eliminadas en zonas alternativas. De otro modo este nuevo modelo de ciudad, a todas luces anhelado, se sustentará sobre las espaldas de los tradicionalmente perdedores, es decir sobre los que no tienen capacidad económica para comprar un parking en propiedad. Porque los fines de semana, no hay problemas de espacio, pues los que podemos nos vamos.
martes, 15 de septiembre de 2009
Abandono Social

Restringir el acceso a los bienes culturales, a la información y a la formación de calidad, forma parte de históricos encorsetamientos clasistas que presumíamos olvidados.
El abandono social priva de las capacidades de aprendizaje que facilitan las relaciones interpersonales y condiciona las trayectorias de los individuos. Instituciones como la escuela no pueden justificar la desatención de los que no están en buena posición de salida, bajo el manido discurso de la falta de recursos o de la sobrecarga soportada.
El abandono también conforma la realidad de grupos tradicionalmente invisibles: parados de larga duración, jóvenes en riesgo, personas con discapacidad, ancianos, minorías, etc, sin olvidar a colectivos históricamente discriminados por género o condición sexual.
La invisibilidad social es una situación que afecta a los que, persiguiendo la integración, topan con la apatía y la relegación de una colectividad que no les considera. Si a todo ello, añadimos un cúmulo de exigencias convencionales, inasumibles por la ignorancia fruto de desatenciones enquistadas en un sistema poco generoso e inclinado por naturaleza a justificar realidades excluyentes, no puede sorprendernos la utilización de la fuerza en lugar de la razón, pues las personas privadas de espacio, de palabra, de opciones participativas, pierden la capacidad de tomar decisiones, de resolver conflictos racionalmente. En muchas ocasiones, las causas no son las condiciones personales o formativas sino la coyuntura que dificulta el acercamiento.
Cómo “la magia” que despliega la protagonista de Bagdad Café, posiblemente ha llegado el momento de aceptar guías en un proceso delicado de concienciación de la necesidad de eliminar la zona árida que separa los extremos, porque el rechazo se percibe y el esfuerzo carece de sentido, la norma desaparece y surge en escena la anomia, la falta de valores, de realidades satisfactorias y de sentimientos positivos.
Subestimar al otro en pro de privilegios individuales, la acumulación de derechos que compartidos, se nos antojan inútiles, provoca la desnudez del prójimo.
Y cuando estalla el conflicto, ante situaciones que demandan urgentes cambios, el grupo que goza de autoridad ejemplarizante percibe la amenaza del cambio demandado, a través de la expresión de una sintomatología llamada inseguridad, violencia, falta de garantías, etc.
El comportamiento sintomático del colectivo discorde contribuye a totalizar sobre él la tensión, focalizando soluciones sobre el síntoma dejando aparte las realidades que provocan el problema.
Es una respuesta accidental, una tentativa de solución, generalmente acciones ejemplarizantes que no hacen sino extender el desierto.No olvidemos que la inteligencia social va asociada a la capacidad para aprender de los errores colectivos. Si el aprendizaje colectivo produce saberes, no podemos permitirnos el lujo del abandono social en pro de la razón individual.
¿Educar para qué, a quién, con qué fin?

domingo, 13 de septiembre de 2009
Procesos de aprendizaje

¿Dónde están los educadores sociales prometidos?
