
Si partimos de la base de que los derechos surgen de la conciencia
colectiva en torno a la cubertura de necesidades, que para el doctor Luís
Ballester de la Universidad de Illes Balears dependen de una frágil
organización de interacciones que casi siempre están subordinadas a normas,
entenderemos por qué, en ocasiones, los cambios no sólo deben incumbir a
factores externos al ejercicio de la profesión. Al respecto, conviene tener
presente algunos aspectos interesantes:
Por lo general deseamos que el cambio nos venga impuesto desde fuera, que
cambien las circunstancias y los acontecimientos, pues no sentimos la necesidad
de que este cambio se produzca en nosotros, ya que atribuimos a las
circunstancias el estado en el que nos encontramos. Y es que cambiar es
realmente complicado, y exige un esfuerzo que obliga a incorporar un sistema de
comunicación positivo como elemento para construir futuro.
Para responsabilizarnos de nuestra forma de proceder y divulgar mejor
nuestras acciones, tal vez sería interesante trabajar sobre la base de la zona
de confort que tanto nos define en el imaginario colectivo, y sobre el que
extendemos nuestras frustraciones. Sería deseable redescubrir y potenciar las
oportunidades, en las que los conflictos se transforman en opciones de cambio, no
para cambiar a los otros sino para crecer y ser protagonistas de éste, juntos.
Naturalmente, para que estas situaciones se sostengan es necesaria cierta
estabilidad, tanto formativa como laboral, y de esta forma compartir estados
emocionales positivos, donde la seguridad y la integridad personal nos permitan
trabajar bajo la premisa del compromiso ético.
El educador social está legitimado, por su formación y experiencia, para
intervenir en un escenario cada vez más interdependiente de los procesos de
cambio social (Gómez, 2002), pero también es el resultado de múltiples factores
donde su mundo emocional dependerá de la construcción de su carácter (Camps,
2010).
Por último, creo sinceramente que la educación social debe terciar entre el
poder de las instituciones y la necesaria toma de decisiones que plantea la
justa distribución de los recursos, pues ahora sabemos que, como seres humanos,
venimos al mundo con claros impulsos hacia los otros; sin embargo, transcurrido
el tiempo algo ocurre en nosotros que trastoca este impulso primario,
insensibilizándonos ante el dolor del otro (de Waal, 2007). Es cuando lo
cultural y lo normativo sucumben a los intereses, máxime cuando el orden
económico está dirigido a perpetuar la desigualdad al amparo de sistemas
políticos y económicos deliberadamente ineficaces (Pogge, 2005).
La expresión de la actividad racional y ética, a la que se debe la
Educación Social basada en normas, derechos y obligaciones utilitaristas,
desemboca en considerar que es bueno aquello que es útil para la mayoría (Camps,
2010); trabajar para dar al deseo un estatus objetivo y reconocer su concepto
racional, para materializarlo en la necesidad de resistir para cambiar lo que
no nos gusta. Intervenir activamente en el proceso que transforma la hegemonía
de lo absurdo, pues “la forma colectiva del comportamiento absurdo es sin duda
la más peligrosa, ya que su carácter absurdo no llama la atención de nadie y
acaba siendo sancionada como normalidad” (Miller, 2006: 140). Deseo que
trascienda la imagen de la educación social como aquella profesión capaz de
transformar el valor de uso en la lógica del valor de cambio, sin temor a las
consecuencias adversas del proceso (Ballester, 1991).
REFERENCIAS
Ballester, L. (1991). Las necesidades sociales.
Teorías y conceptos básicos. Madrid: Síntesis S.A.
Camps,
V. "Conferencia: LAS EMOCIONES MORALES. LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA
AUTOESTIMA. Victoria Camps. Fundación Juan March." Fundación Juan March.
2010. Consultado el 04 del 03 de 2015
en: http://www.march.es/conferencias/anteriores/voz.aspx?p1=22659&l=1
De Waal, F. (2007). El mono que llevamos dentro. ¿Hemos heredado de nuestros ancestros algo
más que el ansia de poder y una violenta territorialidad? Barcelona:
Tusquets editores.
Gómez,
J. (2002). Construir la profesión: la
Educación Social como proyecto ético y tarea cívica. Pedagogía social: revista interuniversitaria 9, Pp. 91-125.
Miller, A. (2006). Por tu
propio bien: raíces de la violencia en la educación del niño. Barcelona: Tusquets editores.